Francia se libra de la ultra-derecha, pero tambalea

photo by: Jeanne Menjoulet
Publicación original en Visión 360

Francia, en marcha. Así se llamaba mi columna sobre la irrupción del partido En Marche el 2017ahora Renaissance, liderado por Emmanuel Macron. Había la esperanza de que las fuerzas moderadas en el viejo continente todavía tenían suficiente tracción como para frenar a los partidos extremos. El trauma del Brexit aún repercutía y esta nueva alternativa, con un líder joven, parecía la solución.

¿Y ahora? ¿Marcha atrás? Ya el 2017 el partido de ultra derecha, llamado en ese entonces Front National (Frente Nacional), ahora Rassemblement national (Reagrupamiento Nacional, RN), liderado por Marine Le Pen, le pisaba los talones a Macron y a los demás partidos.

Los resultados de las elecciones europeas en junio pasado confirmaron lo que se temía: la extrema derecha ha ganado amplio terreno. Gente de todos los grupos demográficos vota por ellos. La pandemia, inmigración, la guerra en Ucrania y en Gaza, y el desencanto con la política del Presidente Macron, han multiplicado los problemas ya existentes. Teorías conspirativas, inflación y el miedo, añaden leña al fuego.

Reaccionando con una “huida hacia adelante”, y para sorpresa de todos, Macron llamó a elecciones legislativas adelantadas, apostándolo todo. La primera vuelta terminó en susto: la extrema derecha ganó un tercio de los votos. La segunda vuelta dio la sorpresa: la extrema izquierda se llevó la mayoría de los votos.

Europa se verá vulnerable y ante una situación de responsabilidad más grande. Ahora más que nunca, el viejo continente necesita gobiernos sólidos y con fuerte respaldo en las urnas.

¿Por qué importa tanto esta elección, quizás más que otras en Europa? Porque junto a Alemania, Francia es el motor del continente y sobre todo de la Unión Europea. El llamado eje franco-alemán es parte esencial del G7, del G20, y claro, del consejo europeo y de la OTAN. Francia es incluso miembro del consejo de seguridad de Naciones Unidas. Por tanto, la influencia de un gobierno de ultra derecha, antieuropeo, pro-Kremlin, o simplemente frágil, en todos estos espacios políticos, tiene repercusiones globales. Alemania quedaría “sola” en el liderazgo europeo. Si en noviembre encima gana Donald Trump las elecciones en EEUU, que es lo más probable en este momento, Europa se verá vulnerable y ante una situación de responsabilidad más grande. Ahora más que nunca, el viejo continente necesita gobiernos sólidos y con fuerte respaldo en las urnas.

Esta vez se logró frenar a la ultra derecha gracias a alianzas estratégicas, pero gobernar no será nada fácil. Y aunque el RN quedó en tercer lugar, ganó 53 curules adicionales. Además, no hay que hacerse ilusiones. El frente de izquierda, que terminó ganando la segunda vuelta, es liderado por un político extremo: Jean-Luc Mélenchon. Partes de este frente tienen incluso posturas anti-europeas y anti-semitas. Y Marine Le Pen, aunque esté decepcionada, sabe que el triunfo de RN sólo ha sido aplazado. Porque ella tiene la meta clara: la silla presidencial francesa en 2027.

De mi columna: Mundo en transición.

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Gabriela Keseberg Dávalos
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